Globalización de la economía

Globalización de la economía


El Imperio Español fue el primer imperio global de la Historia. 

En 1580 España conquistó Portugal e incorporó sus colonias al Imperio Español constituyendo, así, el primer imperio global de la Historia. [25]​, [26]​, [27]​, [28]​, [29]​, [30]​, [31]​

La colonización española de América y la puesta en contacto de manera regular de los mercados de Europa, Asia y América, a través de las Flotas de Indias y el Galeón de Manila, supuso la globalización de la economía mundial, lo que sentó las bases del capitalismo, tal como señalaría Marx en "El capital": «La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el comercio y el mercado mundiales» [32]​ Además, el intercambio de productos agrícolas revolucionó los cultivos en todos los continentes, aumentó la productividad de las tierras y enriqueció la dieta de amplios sectores de la población. Todo esto conllevó transcendentales alteraciones en la geografía humana de todos los continentes.

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[25] Parker, Geoffrey. Felipe II. La biografía definitiva. Planeta. 2010. ISBN 978-84-08-09484-5: «No obstante, la rápida y completa conquista de todo el Portugal continental consta como una de las hazañas militares más impresionantes del siglo xvi». Pág. 728. «Diez días después de enterarse de la muerte de Enrique, Felipe se quitó la máscara y firmó órdenes para la movilización de tropas por toda Castilla para la «Jornada de Portugal». Pág. 721. «En mayo, Felipe se trasladó a Mérida […] para pasar revista a un impresionante ejército de 20 000 soldados de infantería italianos, alemanes y españoles, 1500 soldados de caballería y 136 piezas de artillería». Pág. 725. «El duque (de Alba), de setenta y tres años de edad, libró entonces una de las más exitosas campañas del siglo XVI». Pág. 726. «El virrey de la India le proclamó rey (a Felipe II) en Goa en septiembre de 1581, seguido de otros puestos de avanzada del imperio portugués, creando el primer imperio global de la Historia: desde Madrid y a través de Lisboa, Madeira, México, Manila, Macao y Malaca, hacia la India, Mozambique, Angola, Guinea, Tánger, y de nuevo hasta Madrid. Los quince arcos triunfales erigidos para la entrada del rey en Lisboa en junio de 1581 reflejaban esta concentración de poder sin precedentes». Pág. 730.

[26]   Thomas, Hugh. El señor del mundo. Felipe II y su imperio, 2013, Planeta, ISBN 978-84-08-11849-7: «El 13 de junio Felipe se dio cuenta de que tal vez fuera necesaria alguna acción militar para ganar la corona de Lisboa y movilizó un ejército de 20 000 soldados de infantería y 1500 de caballería bajo el mando del ahora cargado de años pero siempre dispuesto duque de Alba. En dos semanas ordenó a esta fuerza que entrara en Portugal. A pesar de su derrota en las Azores, Antonio de Crato se había proclamado rey y, si Felipe no hubiera intervenido, habría gobernado sin duda. Las ciudades principales de Setúbal, Santarém e incluso Lisboa habían tomado partido por él. Siguió una campaña militar de cierta importancia. […] La lucha fue mayor de lo esperado, pero de todos modos acabó con la victoria del duque de Alba. La batalla de Alcántara culminó la rápida y triunfal campaña militar. Entonces todo Portugal pasó al dominio de Felipe, quien fue declarado rey el 12 de septiembre de 1580. Don Antonio huyó pero fue derrotado de nuevo en Terceira, en las Azores». Pág. 297.

[27]  Schneider, Reinhold. El rey de Dios, 2002, página 148, Edit. Cifra. ISBN 84-95894-04-1: «Nunca hubo un momento cumbre de ninguna nación tan brillante como la conquista de Portugal por Felipe […] Cuando Felipe hubo realizado, tanto por los medios diplomáticos como por la guerra, sus pretensiones, que eran, por lo menos, tan fundamentadas como las de los otros pretendientes y que, además representaban el derecho, independientemente de documentos, del más capaz, se cerró de hecho el círculo del poderío español alrededor de la tierra. […] Para Felipe, que no para su padre, fue acuñada la palabra de que el sol nunca se ponía en sus dominios: su imperio colonial es el más gigantesco que hasta entonces ha tenido ningún príncipe europeo».

[28]  Manuel Fernández Álvarez, "Felipe II y su tiempo" Edit. Espasa Calpe, 1998, cuarta edición, pág. 537, ISBN 84-239-9736-7: «Definitivamente, bajo el reinado de Felipe II, Portugal se convertía en provincia».

[29] 25.   John Lynch, Los Austrias (1516-1598) (1993), Edit. CRITICA, ISBN 84-7423-565-0, pág. 370: «En los primeros meses de 1.580, y alentados por el gobierno, los nobles castellanos comenzaron a reclutar fuerzas costeando ellos mismos los gastos, mientras que las ciudades aportaban tropas, barcos y dinero en un esfuerzo nacional que hizo resaltar aún más la inacción portuguesa. […] Felipe II se jactó diciendo: "lo heredé, lo compré, lo conquisté"».

[30]   Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Tomo II, Edit. Fondo de Cultura Económica, segunda edición en español, 1976, ISBN 84-375-0097-4, págs. 713-716: «La guerra de Portugal, que no pasó de ser, por lo demás, un simple paseo militar, se desarrolló con arreglo a los planes previstos. […] Fue la rapidez con que obraron los españoles, y no el desfallecimiento que se atribuye por algunos al prior, lo que condujo al fracaso del pretendiente. Para que Portugal fuese enteramente ocupada por los españoles bastaron, pues, cuatro meses. Al recibir la noticia, las Indias portuguesas se sometieron a su vez, sin combate. Las únicas dificultades serias surgieron en las Azores. […] el asunto de las Azores en los años de 1582 y 1583, donde se salvó el archipiélago y donde, al mismo tiempo, con el desastre de Strozzi, se disipó el sueño de un Brasil francés; […]». La resistencia en las Azores fue sofocada por Álvaro de Bazán y su flota.

[31] Vencidos los ejércitos portugueses por las tropas españolas, Felipe II obligó a la nobleza portuguesa a rendirle pleito-homenaje y jurarle lealtad en Tomar el 15 de abril de 1581. En un gesto de magnanimidad del vencedor, Felipe II hizo a los portugueses una serie de promesas que incumplió en su mayor parte. En 1580 la incorporación de Portugal (y sus colonias) al Imperio español supuso «poner toda América en manos de un solo hombre: el Rey de las Españas>> Manuel Fernández Álvarez, obra citada, pág. 523

[32] Carlos Marx: "EL CAPITAL. Crítica de la economía política», Editorial Fondo de Cultura Económica, México, primera edición, 1946, traducción de Wenceslao Roces, segunda edición, 1959, cuarta reimpresión, 1971, Tomo I, Sección Segunda, Capítulo IV, página 103: "La circulación de mercancías es el punto de arranque del capital. La producción de mercancías y su circulación desarrollada, o sea, el comercio, forman las premisas históricas en que surge el capital. La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el comercio y el mercado mundiales».

«Se impone hacer constar que el hecho colonial español fue agente decisivo en la transformación económica de que nace el mundo moderno... Este hecho creó el primer «mercado mundial» y ofreció al desarrollo de la producción europea una cobertura monetaria cada vez más abundante y barata. Ya veremos cómo este mecanismo concluyó por excluir a España de ese desarrollo del capitalismo. Su decadencia hizo que los hombres del siglo XVIII y del XIX creyeran mediocre la obra de los colonizadores. Sin embargo, Humboldt había ya mostrado que las mayores transformaciones en el sistema vegetal y animal del mundo databan de la colonización española». Pierre Vilar, «Historia de España», Librairie Espagnole, París 1974, traducción de Manuel Tuñón de Lara, página 50

Los efectos producidos en las economías europeas y asiáticas por la puesta en circulación, por parte de los españoles, del oro y la plata que extrajeron de América en el siglo XVI, todavía son hoy objeto de estudio, sin que exista un acuerdo entre los historiadores económicos: Mientras John Lynch o David Christian [33] sostienen la vigencia de los estudios de E. Hamilton, otros, como Jordi Nadal o Michel Morineau, critican sus análisis.

 

En el siglo XX, uno de los mejores historiadores económicos de España, el catalán Jaime Vicens Vives, afirmaba: “España, ha dicho Hamilton, fue el laboratorio, el campo de experimentación, del mercantilismo europeo. Y mientras el país se esquilmaba y consumía el diluvio de metal indiano, en porfiada lucha contra la Europa que surgía de la reforma protestante, brindó a sus rivales las indispensables experiencias para la botadura de un racionalismo económico capaz de asimilar las hondas repercusiones provocadas por la explotación de las Indias: el capitalismo moderno.” Pág. 156 del Volumen III de la “Historia Social y Económica de España y América”, dirigida por Vicens Vives, 1.972. (La obra de E. Hamilton a la que se refiere es “Spanish Mercantilism before 1700”).


En todo caso, no existe un estudio integral de las repercusiones económicas del Imperio Español en la historia de la economía mundial. Quizá la explicación radica en que se trata de una labor tan ingente y compleja que exige un trabajo colectivo interdisciplinar, más allá de lo que pueda hacer un solo historiador. De ahí, que los análisis que se han hecho hasta ahora hayan sido sectoriales o limitados a períodos cortos.



Lo cierto es que España tuvo en sus manos durante 100 años el continente más rico del mundo, transformándolo y haciéndolo llegar al Renacimiento en un período tan breve. En ese tiempo, España cambió el mundo.

[33] En el siglo XXI, el historiador norteamericano David Christian, confirmó: “La plata que los españoles se llevaron de América dinamizó el comercio europeo y mundial, y la que no circuló por Europa llegó a la India por las Filipinas y luego a China. La demanda china de plata (…) disparó el comercio mundial de la plata.” Pág. 459 de “Mapas del Tiempo”, 2.005. Edit. Crítica. Hasta el siglo XIX, circulaban en China monedas españolas: los reales de a ocho o columnarios. Hay que resaltar que ya Marx había señalado esta idea: “He aquí por qué, a partir del siglo XVI, la afluencia cada vez mayor de metales preciosos constituye un momento esencial en la historia del desarrollo de la producción capitalista.” Capítulo XVII, Sección sexta, Libro primero de “EL CAPITAL”.

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